La imponente ciudadela de Machu Picchu habría sido construida por los Incas a mediados del siglo XV por órdenes del emperador Pachacútec, durante la época de expansión del imperio incaico.

El imperio de los Incas, o Inkas, como también se les conoce, se estableció en Cuzco, aproximadamente en el año 1200 d. C. Existen dos famosas  leyendas en torno al origen del imperio; una es la leyenda de Manco Cápac  y Mama Ocllo, y otra es la de los cuatro hermanos Ayar. Ambas leyendas señalan a Manco Cápac como fundador y primer gobernador de la dinastía. Sin embargo, el imperio no se constituiría como tal hasta la época de Pachacútec, probablemente el más importante emperador Inca. Pachacútec lograría la expansión del entonces señorío Inca, logrando establecer el poderoso imperio del Tahuantinsuyo, el cual llegaría a abarcar cerca de 2 millones de kilómetros cuadrados.  Sería bajo su reinado que se construiría la ciudadela de Machu Picchu.

Tras la caída del imperio Inca a manos de los conquistadores españoles, la ciudadela habría sido deshabitada. Los especialistas no se han puesto de acuerdo con respecto a la situación de Machu Picchu durante la época colonial. Mientras algunos afirman que los españoles tenían conocimiento de la ciudadela, otros sostienen que nunca fue encontrada. Lo cierto es que su existencia sería sólo conocida por los habitantes locales hasta el año en que el historiador estadounidense Hiram Bingham las encontrara  y las expusiera al mundo entero.  Con la ayuda de la Universidad de Yale, la National Geographic Society y el gobierno Peruano, Bingham iniciaría trabajos arqueológicos en la zona desde el año 1912 hasta el 1915, periodo en el que se retiraría la espesa maleza que cubría las ruinas y se descubrirían numerosas tumbas de los habitantes de la ciudadela.

A partir de entonces, Machu Picchu se convertiría en el máximo destino turístico del Perú y uno de los más importantes a nivel mundial. Declarado Patrimonio Cultural por la UNESCO y votado por millones de personas como una de las Nueve Siete Maravillas del Mundo, Machu Picchu es, sin duda alguna, el más grande patrimonio dejado por los antiguos Incas.

Época incaica

Antes de que se erigiese la imponente ciudadela de Machu Picchu, la quebrada de Picchu era habitada por poblaciones provenientes de las regiones de Vilcabamba y del Valle Sagrado, que buscaban expandir sus fronteras agrarias. Tras la expansión del señorío Inca, estos terrenos pasaron a ser parte del entonces creciente imperio del Tahuantinsuyo.

Los historiadores coinciden en que Machu Picchu fue construida a mediados del siglo XV bajo las órdenes del emperador Pachacútec, responsable de la expansión del domino Inca y de su transformación de un simple señorío al magnífico imperio que hoy sabemos que fue.

La historia cuenta que durante el gobierno del Inca Wiracocha, el señorío Inca se encontraba constantemente amenazado por sus vecinos occidentales, los Chancas. Ante una eventual invasión, el Inca Wiracocha, junto a su hijo Inca Urco, heredero al trono, huyeron de la ciudad, dejando al pueblo Inca abandonado a merced de los invasores. Cusi Yupanqui, hijo del mismo Wiracocha y Mama Runto, decidió hacer frente a la amenaza Chanca, y en alianza con las etnias locales, lograría vencerlos, salvando así el Imperio Inca. Tras esta victoria, el Inca Wiracocha lo reconoció como su sucesor.  De este modo, Cusi Yupanqui tomó las riendas del señorío y pasó a llamarse Pachacútec Yupanqui Cápac Intichuri, que significa “hijo del Sol que cambia el rumbo de la tierra”.

Bajo el dominio de Pachacútec, el dominio Inca sufrió una gran expansión y dejo de ser un señorío para convertirse en el grandioso imperio del Tahuantinsuyo. Durante esa época de esplendor y prosperidad, se erigieron grandes construcciones, siendo la más importante la magnífica e imponente ciudadela de Machu Picchu.

Sobre el motivo de su construcción, en primera instancia se creía que  Machu Picchu había sido erigida como  una fortaleza militar o incluso como una residencia de descanso para Pachacútec, pero ambas hipótesis fueron perdiendo peso paulatinamente. Tras exhaustivos estudios, algunos especialistas han concluido que Machu Picchu fue usado como santuario religioso, principalmente debido al carácter ceremonioso que acompaña a algunas de sus estructuras. También se especula que haya servido como monasterio donde se preparaban a las niñas que servirían al Inca y al Sumo Sacerdote, esto debido a que de los 135 cuerpos encontrados, 109 resultaron ser mujeres. No se descarta, sin embargo, su uso como palacio.

Durante su época de esplendor, se cree que Machu Picchu albergó entre 300 a 1000 personas. Los estudios indican que la fuerza agrícola de la ciudadela incaica habría estado conformada por colonos, también llamados mitimaes, procedentes de distintos rincones del imperio.

Época colonial y republicana

machupicchu Época colonial y republicanaSe cree que la ciudadela habría sido abandonada entre los años 1534 y 1570, en el periodo de resistencia Inca. Tras la invasión española, los colonos o mitimaes habrían aprovechado la crisis que afrontaba el imperio Inca para huir rumbo a sus pueblos de origen.

No hay vestigios que indiquen que Machu Picchu habría sido ocupada en algún momento por los colonos españoles ni datos que verifiquen que estos estuviesen al tanto de su existencia. Los historiadores que sostienen esta hipótesis señalan que los cronistas españoles no mencionaron jamás la ciudadela en sus escritos, por lo que es probable que nunca llegasen a conocerla. Otros especialistas sostienen lo contrario, basándose en estudios que  revelan que los españoles habrían usado la ciudadela como primer escenario de sus extirpaciones de idolatrías, habiéndose hallado evidencias de incendios en algunas de sus estructuras.  Se cree también que los extirpadores de idolatrías se habrían llevado los tesoros que se encontraban en la ciudadela.

Otro hecho que fortalece estas creencias es que en las excavaciones realizadas por Hiram Bingham y su expedición, se hallaron en  algunas tumbas  objetos propios de la era posterior a la llegada de los incas, tales como un cuchillo de hierro oxidado, un hueso de vaca, pepas de durazno y los restos de una cuenta de vidrio verde. Aunque cabe mencionar que dichos descubrimientos no fueron realizados por arqueólogos, lo que podría restar cierta validez a los hallazgos.

Ya sea que conociesen la ciudadela o no, todo parece indicar que los españoles no supieron apreciar la importancia de la ciudadela en el pasado, en cuanto no se asentaron ni levantaron construcciones en sus cercanías. Paulatinamente, el lugar sería olvidado por los colonos españoles más no por los habitantes locales.

Durante la era republicana, se cree que arqueólogos e historiadores famosos habrían visitado el lugar, pero no habrían advertido la presencia de la antigua ciudadela, como sería el caso del famoso investigador, geógrafo, escritor y catedrático Antonio Raimodi. Existen fuentes que indicarían que en 1867, las ruinas habrían sido visitadas por un aventurero alemán de nombre Augusto Berns, quien sería entonces el verdadero “descubridor” de la antigua ciudadela inca.

Redescubrimiento

Si bien el redescubrimiento de la ciudadela se le atribuye al historiador estadounidense Hiram Bingham, hay fuentes que indican que Agustín Lizárraga, un arrendatario de tierras de origen cuzqueño, habría llegado a las ruinas nueve años antes que el mencionado historiador.  Según indican, Lizárraga habría dejado una inscripción en uno de los muros del Templo de las Tres Ventanas. Dicha inscripción habría sido posteriormente borrada.

La historia de Lizárraga y sus visitas a las antiguas ruinas incas habría llamado la atención de Hiram Bingham, que se encontraba en la zona investigando los últimos reductos incas en Vilcabamba. Bingham, muy interesado en estos rumores, iniciaría la búsqueda de dichas ruinas, llegando a Machu Picchu en compañía del arrendatario cuzqueño Melchor Arriaga y de un sargento de la guardia civil peruana, en julio de 1911. Ahí, el historiador norteamericano encontraría a dos familias, los Recharte y los Álvarez, que se habían establecido en los andenes del sur de las ruinas. Fue finalmente un niño de la familia Recharte quien guiaría a Bingham hacia la “zona urbana” de las ruinas, la cual se encontraba cubierta por una espesa maleza.

De inmediato, Bingham entendió el enorme valor histórico de las ruinas descubiertas y se comunicó con la Universidad de Yale,  la National Geographic Society y el gobierno peruano, solicitando auspicios para iniciar con los estudios  del sitio arqueológico inca. Los trabajos arqueológicos se llevaron a cabo desde 1912 hasta 1915. En este periodo, se logró despejar la maleza que atestaba la ciudadela y se excavaron las tumbas incas halladas más allá de los muros de la ciudad.

En 1913, la National Geographic publicó en su revista un extenso artículo de Machu Picchu y los trabajos que ahí se realizaban, dando a conocer la ciudadela al mundo entero. Con el transcurrir de los años, la importancia turística de la ciudadela de Machu Picchu iría creciendo, primero a nivel nacional y luego a nivel internacional, llegando a ser proclamada Patrimonio de la humanidad por Unesco, en el año 1983. El 7 de julio de 2007, tras una votación en internet donde participaron millones de personas alrededor del mundo, Machu Picchu fue declarada como una de las nuevas siete maravillas del mundo.

historiador estadounidense Hiram Bingham